LA CONSPIRACION DESTITUYENTE
La pareja presidencial está enojada, lo cual no constituye ninguna novedad, ya que lo esta desde que llegó a la primera magistratura. Los responsables de la ira son siempre los mismos, por supuesto, todos los complotados para sacarlos a ellos del camino. Mientras el campo, sinónimo de la oligarquía que anhelan desplazar, por el momento está en el freezer, tal vez por aquello de no abrir tantos frentes a la vez, y eso no los exceptúa de participar también del grupo de malignos responsables de la eterna conspiración “destituyente” empeñada en alejarlos del Poder. Por ejemplo, el caso del viaje a China, en ese momento y en medio de sus afiebradas visiones, la Presidenta decidió no viajar. ¿Por que? El motivo, resulto ser la fantasía de que el vicepresidente Cobos acabaría dejándola sin su sillón. El vicepresidente llego hasta casi jurar por Dios que se portaría bien pero no hubo caso. Cristina se emperró en no moverse de aquí. Grave equivocación, la Argentina necesita a sus presidentes aunque sean malos o buenos, y el mayor padecimiento al cual se encuentra sometido esta peculiar y aislada pareja, es el de no darse cuenta el de pensar que sus compatriotas no les reconocen todo el bien que han hecho por el país. No lo pueden entender. No se les agradece nada, ni siquiera la batalla por los derechos humanos. A esta altura pocos son los que ignoran la manipulación política que el matrimonio ha hecho de la tragedia. Solo así se puede comprender que hayan imaginado una emisión como 6, 7, 8 consagrada a dar a conocer sus logros y a desmentir todo aquello que consideran infundíos. Por ejemplo, que la economía no va bien. 6, 7, 8 es un programa del que Joseph Goebbels ministro de propaganda del tercer Reich se hubiera enorgullecido, el método no sólo es la descalificación permanente del adversario, sino la repetición hasta el cansancio de imágenes en las que otros comunicadores sostienen una visión no sólo distinta, equivocada y menos realista de lo que ocurre en el país.
Sin ir más lejos en una emisión de algunos días atrás, el programa por la noche abrió con las fotos de tres enemigos “clarinistas”: los periodistas Marcelo Zlotogwiazda, María O´Donnell y Magdalena Ruiz Guiñazú. Esto provocó la reacción de Carlos Barragán, un guionista recién incorporado al programa, que no es periodista pero es buena gente. El problema más grave de 6, 7, 8 es que sus integrantes no son periodistas. No leen el diario, tal vez ojeen alguno, y se limitan a repetir lo que sus jefes les ordenan. Orlando Barone que en su vida hablo de política fue cacheteado por la dirigente de Libres del Sur, Victoria Donda, porque el militante kirchnerista la acusó de haber votado con el campo. Había confundido proyecto Sur con Libres del Sur. Carla Czudnowsky es una experta en sexualidad, supuestamente puesta ahí para el toque de sentido común, pero como le cuesta encadenar conceptos, entonces María Julia Oliván se ve obligada sistemáticamente a cortarla. En cuando a Sandra Russo parece ser la comisaría política del Canal 7 según Oliván, canal K según el vulgo. Suele aplicarle sus sermones a Mirtha Legrand, a quien defenestró para siempre luego de que la escuchó decir que prefería hablar de la Argentina antes que de Honduras. Uno de los personajes de este programa llego a deslizar la idea de que alguna pitonisa visite la Rosada, ya que es la lucha contra el desánimo y la falta de “buena onda”. En la Argentina todo va mejor que nunca, se atrevió a agregar. No en vano el ex presidente Néstor Kirchner coronó la noche de su visita con un “ésta es una batalla por el amor” y, sin embargo, apenas superó los 2 puntos de rating.
Tag: Actualidad política

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